por Robert Lalasz
(Enero 2005) El número de muertos como resultado del maremoto que tuvo lugar el pasado mes en el Océano Índico ha seguido creciendo, ya por encima de los 150.000, y las mujeres que sobrevivieron la tragedia se enfrentan a problemas particulares y difíciles de superar, como los relativos a la obtención de atención de salud materna y reproductiva, la necesidad de protegerse contra el abuso sexual en los campamentos de refugiados, y quizás el tener que asumir nuevos papeles como las principales proveedoras del sustento de sus familias.
"No es muy diferente de una situación de conflicto", dice Sandra Krause, directora del programa de salud reproductiva de la Comisión de mujeres para mujeres y niños refugiados (Women's Commission for Refugee Women and Children), una organización sin fines de lucro con sede en la ciudad de Nueva York, que está afiliada al Comité de rescate internacional (International Rescue Committee). "Hay que abordar las necesidades especiales de las mujeres en todos los aspectos de las labores de alivio y reconstrucción."
Servicios de salud reproductiva y prevención de la transmisión del VIH
Krause y otras personas señalan que la respuesta al maremoto en el Océano Índico refleja la creciente toma de conciencia entre la comunidad internacional en la última década de la forma en que tanto los desastres naturales como el conflicto armado afectan a las mujeres y a los niños. La necesidad es grande; el maremoto dejó a las mujeres sin acceso a servicios vitales de salud en las áreas afectadas de Indonesia, Sri Lanka, la India y otros países, al destruir muchas clínicas y dejar a las matronas y a los trabajadores de salud desplazados y sin materiales. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) calcula que 500.000 mujeres y niñas quedaron desplazadas tan solo en Sri Lanka.
El UNFPA también declara que por lo menos 150.000 mujeres en las regiones afectadas por el maremoto están embarazadas y puede que sufran complicaciones, como abortos espontáneos por el trauma, y que más de 50.000 mujeres en las comunidades del área afectada darán a luz en los próximos tres meses.
A este respecto, un consorcio de organismos de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y representantes del gobierno han establecido una serie de pautas internacionales, denominadas Conjunto mínimo de servicios iniciales (MISP, por sus siglas en inglés), para tratar de cubrir las necesidades de salud materna y reproductiva de los refugiados. Dichos servicios tienen por objeto evitar una excesiva morbomortalidad materna y neonatal, reducir la transmisión del VIH, prevenir y hacer frente a las consecuencias de la violencia sexual, y planificar la prestación de servicios integrales de salud reproductiva en la medida que la situación lo permita.
"Se trata de una serie de actividades prioritarias que tienen lugar en todas las emergencias humanitarias, aunque no sean tan conocidas como debieran entre algunas entidades", dice Krause, que ha trabajado en zonas de conflicto en Chad, Somalia, Sudán oriental y Tailandia, entre otros sitios.
Krause señala que el UNFPA se ha movilizado rápidamente para distribuir estuches de materiales entre las parteras y entregar directamente a las mujeres de las áreas afectadas los insumos básicos necesarios para el parto en condiciones higiénicas (como jabón, una sábana de plástico para ponerla en el suelo, una cuchilla limpia para cortar el cordón umbilical, un cordón sanitario para atarlo, y un paño para envolver al niño después del parto).
El UNFPA también está distribuyendo ropa y estuches de higiene personal entre las mujeres en las regiones afectadas, lo que es esencial en estas sociedades tradicionales, según Janet Momsen, profesora de geografía económica en la Universidad de California en Davis, que ha escrito extensamente sobre cuestiones de género y desarrollo en Asia meridional.
"La falta de privacidad también es un gran problema para las mujeres, en términos de las expectativas culturales en estas sociedades patriarcales", dice Momsen, y añade que es esencial que haya mujeres médicos en las tareas de auxilio, porque muchas mujeres en Asia meridional no acuden a médicos hombres.
El Conjunto mínimo de servicios iniciales también pone de relieve medidas para reducir la transmisión del VIH entre los refugiados, inclusive la observación de las precauciones universales en contra del virus, como el uso de condones y el debido desecho de las agujas utilizadas por los usuarios de drogas inyectadas.
Según Krause las tareas incluyen ofrecer condones gratuitos, tanto a los refugiados como al personal de auxilio, con la debida sensibilidad al contexto cultural, "lo que significa no hacer una campaña contra el VIH ni distribuir los condones de forma obvia, puesto que podría resultar ofensivo para algunos".
Eliminar el peligro de la violencia sexual
Los funcionarios de las entidades humanitarias también están alarmados por la posibilidad de violencia sexual generalizada en contra de las mujeres y las niñas desplazadas por el maremoto. Diez días después de la tragedia, el UNFPA estaba ya reportando casos de explotación sexual y violaciones (e incluso violaciones en grupo) en algunas de las áreas afectadas.
Pero para proteger a estas mujeres y niñas se necesita más que elevar la seguridad en los centros de refugiados. Incluso la forma en que se distribuye la asistencia a los refugiados, o la iluminación y la ubicación de las letrinas en los campamentos puede poner a las mujeres en riesgo de ser atacadas, según Wendy Young, directora de relaciones externas de la Comisión de mujeres para mujeres y niños refugiados.
"Cuando las mujeres se convierten en receptoras pasivas de la asistencia, y no participan activamente en su distribución, se las pone, sin querer, en una posición vulnerable", dice Young. "Tienen que acercarse a pedir ayuda, lo que da oportunidades a las personas que quieren hacerles mal."
Tanto Krause como Momsen añaden que las mujeres en los campamentos de refugiados se ven frecuentemente forzadas a intercambiar sexo por lo necesario para sobrevivir, porque no se sienten lo suficientemente seguras para ir a buscar combustible, comida o agua limpia para ellas y sus familias.
El Conjunto mínimo de servicios iniciales recomienda que las mujeres que han sido víctimas de violencia sexual y violaciones tengan acceso inmediato a atención médica, así como a anticonceptivos de emergencia, para impedir embarazos. Dicho conjunto de servicios sugiere que las labores de auxilio incluyan asimismo a personas que puedan proporcionar la debida atención clínica a las mujeres violadas. Krause señala que ya se ha hecho un esfuerzo por abordar estas necesidades después del maremoto, inclusive la distribución de estuches del UNFPA para tratamiento de emergencia en casos de violaciones.
Según Young, los primeros informes la hacen sentirse optimista, aunque con reservas, tanto a este respecto como en lo referente a la protección de las mujeres contra la trata sexual, y dice que "considerando que es una labor de auxilio tremendamente difícil en términos generales, la comunicad internacional parece ser consciente de la importancia de estos objetivos".
Las mujeres suelen asumir nuevos papeles al rehacer sus vidas
Pero, a no ser que existan programas y ayuda a largo plazo debidamente enfocados, muchas mujeres que han sobrevivido el maremoto tendrán dificultades para hacer la transición de regreso de los centros de refugiados a la comunidad, dice Monsen.
"El sustento de muchas de ellas estaba ligado a las actividades de pesca o agricultura de sus esposos, que ya no tienen lugar", agrega Monsen. "Algunas puede que hayan tenido tiendas pequeñas, o que criaran a un puñado de animales domésticos para tener leche y huevos, y parece que todas esas empresas pequeñas han sido destruidas [en las áreas afectadas de Sri Lanka]".
Monsen insiste que los esfuerzos de reconstrucción deben concentrarse primero en las escuelas y las clínicas --que proporcionan servicios, empleo, y, en el caso de las escuelas, una apariencia de normalidad y un lugar estable para los niños.
Desafortunadamente muchas de las supervivientes deberán asumir la carga de ganarse la vida, aparte de cuidar del resto de la familia. "En los Balcanes descubrimos que las mujeres en tales circunstancias tienen que cambiar su forma de vida", dice Elaine Hanson, directora académica del Centro internacional de psicología en situaciones de desastres, de la Universidad de Denver, y profesora adjunta de la Universidad. Hanson añade que dichas mujeres van a necesitar capacitación laboral y financiera, así como apoyo para realizar dicho cambio.
"Simplemente lograr estabilizar la situación va a tomar mucho, pero que mucho tiempo", dice Krause, "la reconstrucción llevará incluso más".
Robert Lalasz es un redactor de alto nivel en el PRB.